TÍMIDaS

La manera adecuada de manejar grandes textos es tomando el escrito en su conjunto. Después, a la hora de estudiarlo, deberá usted recorrer con su mirada la superficie de los renglones, de izquierda a derecha, sin variar el ritmo. Podría (en caso de ser absolutamente necesario) volver unas palabras atrás y recorrer de nuevo las letras ya leídas, procurando abarcar al menos medio renglón en esta revisión.

Pero jamás, bajo ningún concepto se debe detener con la mirada fija en una minúscula en concreto. Si así lo hiciera, la boba se sentiría halagada por tanta atención, dada su timidez se pondría roja y así destacaría entre las demás letras.

 

¿Puede alguien imaginarse la de líos e incorrecciones que supondría tener una minúscula destacada en mitad del libro? ¿Podría alguien resistir tal desbarajuste en un texto formal?

 

MANCHaDAS

A nadie se le ocurriría empapelar el suelo con libros abiertos antes de ponerse a pintar las paredes. En cambio, hacerlo con aquellas minúsculas escritas en hojas de periódicos y revistas parece de lo más normal (nueve de cada diez minúsculas escritas en esta clase de publicaciones tienen un final atroz).

Estas pobres, en los últimos momentos de su corta vida, se ven obligadas a quedar tendidas boca arriba para contemplar con sus propios ojos como una enorme mancha de pintura se precipita sobre ellas desde las alturas. Y, atadas a su papel como están, nada pueden hacer al respecto. De pronto, ¡chof! la mancha se expande y la cubre, borrando para siempre lo que la minúscula fue o contó en su corta existencia.