TACHaDAS

Siguiendo con los consejos para librarse de una minúscula sobrante (y/o molesta/ pesada/ demandante) que habitualmente damos en este blog, hoy aportaré otro menos delicado pero igualmente eficaz. Es una práctica habitual cuando nos sobran letras o cuando las escogemos erróneamente, que nadie se muestre escandalizado pues todos lo hemos hecho alguna vez: se trata de tacharla (algunos se preguntarán "¿Tacharla de qué?"; bueno, allá cada cual en su elección).

Tengan en cuenta que cuando a una minúscula se la tacha (de lo que sea), ésta ya se ve atada a su papel por el fino hilillo que acabamos de dibujar alrededor de su cuerpecito enclenque. Pero tal vez con esto no baste, pues la pequeña seguirá pataleando y protestando desde el lugar en el que la hemos fijado, reclamando su libertad de minúscula cambiante y paseante. Si este es el caso, táchela de nuevo. Y otra vez si es necesario. Cúbrala de finos hilillos de tinta hasta que ni se la vea y quede perfectamente amordazada.

La minúscula seguirá ahí, con su locura boba intacta, pero usted ya no tendrá que soportarla más.

 

6 comentarios:

  1. Cuando ya te tachan no hay nada que hacer, pasa lo mismo que con los prejuicios y los miedos, es mejor acusar que comprender, y así algunas somos tachadas sin saber de qué... demasiados tachaduras ensucian un buen texto..
    un saludo a esas resistentes minúsculas

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    1. Así es Ico, cuando te tachan, ya no hay nada que hacer. Es más fácil desintegrar un átomo que una tachadura, porque a una minúscula se la puede tachar, pero ¿quién tacha la tachadura?

      Un beso

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  2. Oye hermano, que artículos tan creativos entregas cada vez. Te felicito y te pido que sigas escribiendo, la verdad, tienes mucho talento. Siempre te leo con gusto y me robas una carcajada.

    Hasta la próxima.

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    1. Muchas gracias por tus palabras, estas cosas siempre animan. Espero ahora seguir a la altura de las expectativas.

      Un abrazo

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  3. Los hay que sólo se dedican a tachar...pero no se dan cuenta de cuántas minúsculas quedan todavía libres.

    Un beso sin tachones.

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    1. Ese es un gran problema: las minúsculas libres. No sabes la de dolores de cabeza que pueden llegar a causar. Yo a la mía la tengo suelta por casa y, bueno, qué te voy a contar, me hace una detrás de otra.

      Un beso

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