MaNIFESTANTES

De tanto en tanto a las minúsculas les entran ideas revolucionarias (en parte por el aliento que reciben de vosotros, queridos lectores) y salen a protestar.

Lamentable espectáculo y lamentables sus peticiones. Las minúsculas no tienen la grandeza de miras para una protesta revolucionaria, tal como ellas pretenden. Sus peticiones pueden ser tan minúsculas como ellas: calefacción en su párrafo, papel sobre el que escribir...

Y cuanto más pequeñas las peticiones, más se ensañan las mayúsculas con las porras. Y cuantas más porras, más libros sacan sus minúsculas a la calle. 

Y se arma una de cuidado, todo por algo tan simple como la calefacción.

INDOMITaS

Hagan las reformas que hagan las mayúsculas, hay alguna que otra pequeñita que no asume su pequeñez. Por bien atadas que se las tenga, estas indómitas locuelas jamás dejarán de tramar su fuga hacia el monte o cualquier lugar donde hacer lo que le plazca, fuera de reglas y renglones.

"Yo no tengo amo", proclaman las muy bobas, con sus minúsculas vocecitas y la nariz bien arriba. Ignoran, pobrecillas, que se las puede aplastar hasta con la uña del dedo meñique de un bebé.


REFORMaDAS

Estoy segura de que os ha pasado alguna vez: al releer un libro al cabo de los años, las minúsculas os han parecido más chiquititas que la primera vez. Sin duda habréis pensado que son cosas de la edad, que estáis perdiendo la vista, que pronto llevaréis gafas, etc.

No os preocupéis, no les pasa nada a vuestros ojos. Lo que ocurre es que, de tanto en tanto, las mayúsculas no tienen suficiente con su mayusculez consabida y, como ellas no pueden crecer más, redactan reformas y  decretos (de aplicación inmediata) para empequeñecer a las bobas.

Y como son las letras capitales las que encabezan las frases, a las minúsculas no les queda más remedio que acatar o cambiar de contexto, pues por mayoría que sean, está visto que no pintan nada. Y se vuelven cada vez más chiquititas y más insignificantes.

OLa DE FRÍO

Cuando el frío aprieta, las minúsculas malcriadas pierden por completo la compostura y las formas. En cuanto cae la noche se meten conmigo en la cama, se cuelan bajo el edredón y se acurucan ahí roncando a patita suelta. Olvidan por completo las normas y hasta se traen a sus vírgulas para que también pasen la noche calentitas.

Tengo la cama, la casa y hasta la cabeza llena de minúsculas. Disculpen si no escribo mucho, si no friego mucho, si no hago nada de lo que debería hacer: mi día se va en rescatar a las pequeñas de entre el pelo o las costuras de mi pijama para colocarlas de nuevo en el lugar que les corresponde en la página, una por una, con delicadeza y paciencia, libro por libro. Y al día siguiente vuelta a empezar.