OLa DE FRÍO

Cuando el frío aprieta, las minúsculas malcriadas pierden por completo la compostura y las formas. En cuanto cae la noche se meten conmigo en la cama, se cuelan bajo el edredón y se acurucan ahí roncando a patita suelta. Olvidan por completo las normas y hasta se traen a sus vírgulas para que también pasen la noche calentitas.

Tengo la cama, la casa y hasta la cabeza llena de minúsculas. Disculpen si no escribo mucho, si no friego mucho, si no hago nada de lo que debería hacer: mi día se va en rescatar a las pequeñas de entre el pelo o las costuras de mi pijama para colocarlas de nuevo en el lugar que les corresponde en la página, una por una, con delicadeza y paciencia, libro por libro. Y al día siguiente vuelta a empezar.

6 comentarios:

  1. Un verdadero trabajo "minúsculo"... Tenga usted paciencia y mis mejores deseos para que el cambio estacional llegue lo más rápidamente posible... :D

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    1. Gracias por los buenos deseos, espero que pronto las bobas recuperen su comportamiento habitual (que tampoco es muy razonable).

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  2. Un esfuerzo mayúsculo bregar con tanta minúscula friolera, pero las pobrecillas bien merecen un cobijo. La soledad y el frío de un libro cerrado inducen a la huida. ¿Dónde estarán mejor las minúsculas sino contigo?

    Un fuerte y cálido abrazo.

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    1. Ah, pero si adoptaran a otros tampoco pasaría nada. Hay tantas casa en las que jamás ha entrado una letra...

      Un abrazo

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  3. Peor sería que te invadieran las mayúsculas, sí, esas que se hacen las chulas aparentando no tener nunca frío...

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    1. Bueno, las mayúsculas, como bien dices, jamás pedirían cobijo. Y si lo hicieran, nunca se meterían por entre las costuras, se quedarían sobre la prenda, bien visibles, para lucir más.

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