RECORTES Y aUSTERIDAD

Ahora dicen mis letritas que sobran mayúsculas, que para qué tantas, que con una por párrafo basta y sobra.  y se niegan a admitirlas en mis textos (sobretodo a las de los nombres propios que, según ellas, han sido mayusculizadas a dedo).

Cualquiera le lleva la contraria a una minúscula. sólo con pensar en las pataletas, con llantos y mocos incluidos, se me quitan las ganas de intentarlo siquiera. a partir de ahora, una por párrafo y chitón. 

Así andamos, con recortes y austeridad de mayúsculas.



FALTA DE ORGaNIZACIÓN

Últimamente leo textos tan irracionales y absurdos, que me cuesta creer lo que mis ojos ven. Y sobre la página, veo a esas minúsculas firmes, alineadas y quietas, participando con su inmovilidad del abominable texto. 

 ¿De qué sirve ser mayoría si no van a moverse de ahí? ¿De qué les sirve protestar por lo bajini si van a seguir en la fila? 

Las minúsculas pecan de falta de organización. Y también de minusculez. O tal vez estén esparando que llegue otra mayúscula con distinto collar para acatar sus directrices.


CaMBIO DE HORA


A las minúsculas también les afectan nuestros cambios de hora y se ponen de bastante mal humor cuando esto sucede: las pobres son leídas (¡e incluso escritas!) a horas intempestivas, aun despeinadas y sin acordarse siquiera de si son vocal o consonante.
Las pequeñas no entienden el concepto. "¿En qué se ahorra?" -preguntan las bobas. Creen ellas que la gente va a seguir poniendo el mismo número de lavadoras o cafeteras y las maquinarias de las empresas van a gastar el mismo número de horas de electricidad.

Las mayúsculas, en cambio, acatan. Así son las cosas y así han de ser, lo dictan las reglas. Repiten lo oido: hay que ahorrar. 
Se ahorra en iluminación, afirman. 

Será en tantos y tantos lugares de trabajo que gozan de luz natural...

MaNIFESTANTES

De tanto en tanto a las minúsculas les entran ideas revolucionarias (en parte por el aliento que reciben de vosotros, queridos lectores) y salen a protestar.

Lamentable espectáculo y lamentables sus peticiones. Las minúsculas no tienen la grandeza de miras para una protesta revolucionaria, tal como ellas pretenden. Sus peticiones pueden ser tan minúsculas como ellas: calefacción en su párrafo, papel sobre el que escribir...

Y cuanto más pequeñas las peticiones, más se ensañan las mayúsculas con las porras. Y cuantas más porras, más libros sacan sus minúsculas a la calle. 

Y se arma una de cuidado, todo por algo tan simple como la calefacción.

INDOMITaS

Hagan las reformas que hagan las mayúsculas, hay alguna que otra pequeñita que no asume su pequeñez. Por bien atadas que se las tenga, estas indómitas locuelas jamás dejarán de tramar su fuga hacia el monte o cualquier lugar donde hacer lo que le plazca, fuera de reglas y renglones.

"Yo no tengo amo", proclaman las muy bobas, con sus minúsculas vocecitas y la nariz bien arriba. Ignoran, pobrecillas, que se las puede aplastar hasta con la uña del dedo meñique de un bebé.


REFORMaDAS

Estoy segura de que os ha pasado alguna vez: al releer un libro al cabo de los años, las minúsculas os han parecido más chiquititas que la primera vez. Sin duda habréis pensado que son cosas de la edad, que estáis perdiendo la vista, que pronto llevaréis gafas, etc.

No os preocupéis, no les pasa nada a vuestros ojos. Lo que ocurre es que, de tanto en tanto, las mayúsculas no tienen suficiente con su mayusculez consabida y, como ellas no pueden crecer más, redactan reformas y  decretos (de aplicación inmediata) para empequeñecer a las bobas.

Y como son las letras capitales las que encabezan las frases, a las minúsculas no les queda más remedio que acatar o cambiar de contexto, pues por mayoría que sean, está visto que no pintan nada. Y se vuelven cada vez más chiquititas y más insignificantes.

OLa DE FRÍO

Cuando el frío aprieta, las minúsculas malcriadas pierden por completo la compostura y las formas. En cuanto cae la noche se meten conmigo en la cama, se cuelan bajo el edredón y se acurucan ahí roncando a patita suelta. Olvidan por completo las normas y hasta se traen a sus vírgulas para que también pasen la noche calentitas.

Tengo la cama, la casa y hasta la cabeza llena de minúsculas. Disculpen si no escribo mucho, si no friego mucho, si no hago nada de lo que debería hacer: mi día se va en rescatar a las pequeñas de entre el pelo o las costuras de mi pijama para colocarlas de nuevo en el lugar que les corresponde en la página, una por una, con delicadeza y paciencia, libro por libro. Y al día siguiente vuelta a empezar.

PILTRAFILLaS

De vez en cuando una minúscula saca la naricilla de su renglón y dirige la palabra a una mayúscula, así, de tú a tú, como si no hubiera diferencias entre ellas. Y la muy boba propone juegos, bombardea a ideas, ofrece su blando corazón y sus ingenuas elucubraciones.

Una desfachatez que, sin duda las mayúsculas considerarán totalmente fuera de lugar. ¿Dónde se ha visto algo así? Hay que tener un orden y respetar el estatus, hay que ser de una élite o de otra, hay que venerar y no hay que sacar las patitas del lugar en el que una lleva escrita desde el principio de los tiempos. 

Piltrafillas, sin pedir permiso ni nada...

MINORIaS

Habréis observado sin duda que los textos más saludables se componen de una mayoría de minúsculas y alguna que otra mayúscula de tanto en tanto. Así es y así debe ser, para un buen equilibrio y la conservación del contexto.

Lo que no se da jamás es la situación del revés, una mayoría de mayúsculas con alguna de las pequeñas aquí o allá. No existen los textos con pocas minúsculas, o son mayoría o no hay ninguna y esto se debe a su delicada y blanda hechura. Y a la necesidad de juntarse con otras pequeñas, tan bobas como lo son ellas, para cantar canciones y creer que todo el mundo es bueno. 
Sin estas ocupaciones no hay minúscula posible. Sin minúsculas con las que compartirlas, cualquier incauta que se haya adentrado en un texto en mayúsculas, o bien se mayusculizará, o perecerá sin dejar rastro.

TIENDaMINÚSCULA

Ay... la muy loca... ¡en qué líos se mete!.

Ahora le ha dado por pensar (por culpa vuestra, queridos/as lectores/as) que sus garabatos tienen algún encanto y que algo podría hacer con esto. Y no se le ocurre otra cosa que apoderarse de una de esas tiendas online  en la que se hacen regalos pesonalizados y colgar ahí sus dibujines por si alguien quiere comprar una taza, una bolsa, una camiseta o cualquiera de los objetos que ella pondrá allí.

Me cuesta pararle los pies. La pequeña se ha vuelto majara y hace planes: que si crear diseños por encargo para quien lo desee, que si abrir varias lineas de diseños... en fin, un desastre. Menudo añito me espera con esta boba en casa, llenándolo todo de tinta.

Bueno, para los/as curiosos/as, aquí tenéis una muestra:


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