CABEZaS HUECAS


Las diminutas cabecitas de las minúsculas están tan vacías de cualquier asomo de idea, que las pequeñas siempre acaban cometiendo las más absurdas incoherencias, atrapadas (o abducidas) por mensajes persuasivos de cualquier índole.

Así, por ejemplo, aunque ellas ya no celebren la Navidad, las minúsculas se pasan las fiestas canturreando los pegadizos villancicos que suenan por doquier. Lo hacen en contra de su voluntad, las muy bobas: pese a sus inmensos esfuerzos y pese a apretar los labios con decisión en cuanto son conscientes, al menor descuido ya están tarareando de nuevo.  

Con semejante incoherencia no hay quien las tome en serio, ropopompom.

IMPRESIONaBLES

A veces las minúsculas sacan brillo a su tinta, se acicalan, se acercan a la página y cumplen todos los demás preparativos rituales de antes de tenderse a escribir... pero en el último momento, ya con las faldas arremangadas y una patita sobre el borde de la hoja, les entra un extraño escalofrío y se retiran de la página sin haber escrito nada.
Esto ocurre en los días de mayor violencia en las noticias. O cuando la minuscula ha estado mucho tiempo alejada de la realidad y vuelve de pronto a ella, sin ninguna preparación previa, sumergiéndose de cabeza en los informativos.

Así de fácil es impresionar a las tontuelas. Así de fácil enmudecerlas.

ENCABEZaR CON RIGOR

Recién mayusculizadas, la afortunadas letras beneficiarias de tal transformación, se sentirán llamadas a encabezar alguna frase, una frase cualquiera tanto si están de acuerdo con su enunciado como si no. Encabezar es lo único importante, pues ¿qué sentido tendría ser mayúscula si una no va a dirigir a su grupito de pequeñas e ineptas bobas? 

Así pues, toda letra mayusculizada buscará un texto que encabezar y un pequeño grupo de minúsculas locuelas a las que demostrar quien manda ahora y de qué manera se hacen las cosas bien, cambiando el sentido de la frase si hace falta... o eliminando minúsculas sobrantes y añadiendo otras nuevas, más de su agrado.

Éste es el modo de proceder con la más absoluta mayusculez sin perder la categoría adquirida.

CONFORMISTaS

Como veo que todavía no ha quedado claro cual es el modo correcto de mayusculizarse, voy a seguir explicando las formas de proceder  para completar con éxito la operación. 

 Lo que no debe hacerse cuando se busca la mayusculización es ser conformistas. Hay que mantener siempre un espíritu crítico y buscar de qué modo las cosas podrían mejorarse. Porque todo es mejorable, todo todo. Nuestra casa, nuestro trabajo, nustra pareja... El árbol que nos da sombra en verano podría ser más frondoso o menos frondoso. O más alto, o con los menos pajarillos, o etc. El fuego de la chimenea en invierno podría chisporrotear mejor, el té podría ser negro en vez de rojo y la manta mullida podría ser de algodón en vez de sintética. O podría ser de otro color. 

 Todo es mejorable, aunque las minúsculas no lo saben y suelen conformarse, quedándose encandiladas, con esa sonrisa boba, disfrutando de la tarde de un domingo cualquiera como si fuera el día más feliz de su existencia, sin alcanzar a comprender cuantísimo falta hasta alcanzar la perfección. Y este conformismo idiota es lo que las tiene atrapadas ahí, en su minusculez.