DISLEXIa

Si bien entre los humanos hay cierto porcentaje de dislexia* , en el caso de la mayúsculas ésta es una norma general.
Las mayúsculas tienen grandes, grandísimas dificultades en leer y entender el significado de otras letras, particularmente minúsculas y en especial las vocales.

No es por falta de voluntad, pues. Es que las buenas mayúsculas simplemente no las comprenden. Cuando una minúscula se acerca corazón en mano y estampa sus naricitas frente a un muro de silencio o la hilaridad condescendiente, no es crueldad, no es altanería.

No, no es nada de eso, es dislexia.


*De la Wikipedia: "Se llama dislexia (...) a la dificultad en la lectura que imposibilita su comprensión correcta.”

ORDENaDAS

Dado mi exhaustivo y entregado trabajo como investigadora del orden social y cultural de las letras, ocurre con frecuencia que recibo toda clase de consultas al respecto, de forma más o menos anónima y más o menos privada. Y, cómo no, yo contesto a todas las consultas, consciente de mi misión, que obliga.

Es lo que me ha ocurrido recientemente. La pregunta recibida iba destinada a averiguar por qué el orden de las minúsculas es el que es y no otro. Por qué se lee primero a las minúscula de un lado de la palabra y no a la del lado opuesto. Por poner un ejemplo, por qué "res" y no "ser".

Bien, es una respuesta muy simple: porque sí. Nada impediría que pudieran ser leídas en otro orden, ninguna minúscula es más valiosa que otra, ni merecedora de prioridad por cualquier motivo, pero el haber nacido en un lado o el otro de la palabra (o incluso del libro) determinará su destino y el lugar que ocupa en el contexto. Ni hay mérito personal (mejor dicho "literal") en ello, ni hay elección consciente, ni mucho menos hay opción a decidir un destino diferente para sí misma.

Así pues, cada letra deberá ser leída en el lugar en el que ha sido escrita, tanto si esto le gusta, como si no. Sólo así el texto será legible y al gusto del (o de los) autor(es).


BIEN aTADAS

Siguiendo con los útiles consejos para prevenir incidentes indeseados cuando llevéis a vuestras minusculas al campo, aquí va otro.

Si bien a las minúsculas les gustará corretear y brincar con libertad, tomad la precaución de atar la patita de cada una de las minúsculas del libro con un fino hilo de pescar de al menos seis metros de largo. Hacedlo con pinzas y poned toda vuestra delicadeza en ello, ya que podrían dañarse, por ser tan pequeñas.

No es que yo sea partidaria de atar a nadie, pero ocurre algunas veces que una o dos minúsculas de un libro (cómo mucho) no quiera volver al renglón. Y echará a correr monte arriba, bajará por la otra ladera y subirá otro monte más, o varios otros, y no parará de correr hasta encontrar el pico más alto y frondoso donde quedarse a vivir.

Son casos excepcionales, sin duda. Letras salvajes que jamás han sido del todo domesticadas, o que preferirían haber sido escritas en un abecedario infantil en vez de en un tratado sesudo, del que no entienden nada pero en el que tienen que participar, sí o sí.

Mejor mantenerlas bien atadas. Acabado el recreo, sólo hay que tirar del hilo de pescar y arrastrar a la pequeña hasta su lugar de siempre, sin más complicaciones ni deserciones molestas.

MICRORREALATOS ANIDaDOS

Si las mayúsculas alguna vez participan de los juegos primaverales de las bobas, sin duda obtendrán un papel estelar. Jamás aceptarían jugar a nada de no ser así, como es natural.

Como ejemplo, estos cuentos anidados*, una idea de Dersony.  Las mayúsculas tienen la clave de todo el juego y de todos los cuentos, sin ellas no se podría ni empezar.

Por cierto, se han juntado a jugar aquí las minúsculas y mayúsculas de:


Gotzon

Elisa de Armas
Anita Dinamita
Puri Menaya
Alberto Martín "NiñoCactus"
Anca Balaj "aminuscula"
Rosana
Fernando Vicente "depropio"
MA
Maite García de Vicuña
Raúl Quirós Molina
Dersony 



*las instrucciones van en el interior