aDORACIÓN

Si habéis decidido llevar las minúsculas al campo, debéis tomar algunas precauciones que con el tiempo iré relatando aquí.
Una de estas precauciones consiste en asegurarse de que no habrá amapolas en el lugar elegido.

Las minúsculas sienten purita adoración por estas asilvestradas flores. Aman su color intenso y su delicadeza. Veneran esa fragilidad valiente, el empeño de estas flores en no dejarse arrancar sin marchitarse a los pocos minutos, a modo de protesta por el secuestro.

"Son flores libres" -piensan las bobas. Y se quedan (ad)mirándolas desde lejos, temerosas de lastimar su libertad y su felicidad de flor.

(y, desde lejos, imaginan en secreto cómo sería besarlas, sólo una vez, sólo un poquito)

aGITADAS

Si a alguno de los preciados lectores de este blog se le ocurre comenzar la limpieza general de primavera, si entre sus planes está sacar todos los libros de la estantería y quitarles bien el polvo ¡por Dios, que no lo haga!

Llegada la primavera, las minúsculas se agitan de tal manera, que no hay modo de contenerlas en su renglón. Todas y cada una de las ideas locas que hayan concebido sus cabecitas durante el invierno serán puestas en práctica justo en este momento y sus risas, perfectamente audibles en esta época del año, acabarán con el silencio de la casa. Ni una linea del libro quedará en su sitio, ni una palabra.

Si, por las circunstancias, no tenéis más remedio que abrir un libro y leer, tomad la precaución de hacerlo al aire libre*, donde las locas puedan correr y trepar por los árboles, subirse a la chepa de los escarabajos o deslizarse por los hilillos de hierba como si fueran toboganes de un parque de atracciones. Pasadas unas horas, las minúsculas volverán a ocupar su lugar en el libro, felizmente agotadas. Y sólo entonces serán de nuevo legibles.

*En caso de no tener posibilidad de ir al monte, no queda otro remedio que entristecer a las pequeñas de forma artificial

DÍa SIN CARNE

Las minúsculas no comen vírgulas. Ni puntos. Ni acentos, ni guiones, ni ningún otro signo que ande correteando (o buceando) por el texto.

De ahí que, por mucho que me empeñe cada año en explicarle a la pequeñaja que el 20 de marzo los humanos celebran el día sin carne, no haya manera de acabar la conversación cómo es debido.
La boba me escucha hablar de las dietas humanas y, de pronto, empieza a temblarle la barbilla ("no me lo puedo creer", me dice con un hilo de voz) y se echa a llorar como una cría. Y se pasa el resto del día entristecida, acariciando su vírgula, cómo si pudiera remediar algo con ello.

En fin, ya desisto. Pero a vosotros sí os lo puedo contar, para que podáis uniros a la fiesta vegetal (y si llegáis tarde, no importa, podéis celebrarlo al día siguiente, o un día a la semana, o todos y cada uno de los 365 días del año).

LAS MáS FELICES

De entre todas las letras, las más felices son aquellas que tienen el privilegio de vivir en una biblioteca pública. Les encanta saber que no tienen dueño, adoran viajar de casa en casa y ver otros mundos o rostros cada vez que se abre su libro de nuevo.

Aunque después las despedidas sean inevitables, aunque llegado el momento se ahoguen en llantos, mocos y nostalgias, a las pequeñas faranduleras les encanta ser leídas por distintos ojos en cada ocasión. Ahora unos ojos verdes, ahora estos tan hermosos de largas pestañas, ahora estos otros, tan sonrientes...
Embelesadas así, lamentan la triste situación de sus pobres hermanas de librería, minúsculas que han sido compradas por alguien y que, una vez leídas, no vuelven a ver caer el sol sobre sus páginas nunca más.

SUTILEZaS

Cuando una mayúscula no puede resistir más la idiotez de una minúscula, no le queda otro remedio que enviarla a peinar vírgulas*.

La boba obedece. Toma la expresión en su sentido estricto, como de costumbre, y ni por asomo imagina que debería ofenderse por ello (la vírgula se sonríe ante la ingenuidad de la pequeña, pero como le gusta tanto el masaje no dice nada al respecto). 
Así, la minúscula coge el peine de la cesta y se pone a acicalar a su vírgula querida mientras sueña con aprender a ronronear también ella, para acompasarse mejor en este placer para dos. Y queda agradecida con la mayúscula que le sugirió tan agradable actividad, porque mira lo buena que es y mira lo generosa.

Con sutilezas así, no hay modo de educar una minúscula, está claro.

*equivalente literal de enviar a de freír espárragos