REGaLOS

Cuando una minúscula recibe un regalo que la emociona, no hay duda de que quien se lo ha hecho es otra minúscula: a ninguna mayúscula se le ocurriría regalar nada que no fuera comprado por un precio perfectamente cuantificable en euros o en cualquier otra moneda, para así poder corresponder con un regalo de idéntico valor y que nadie se tenga que quedar suspirando de agradecimiento.

Saben las mayúsculas, sin duda, que esto no es nada serio: una emoción llevará a la otra, la obsequiada agradecerá con fervor, la otra se emocionará también y agradecerá como pueda, entonces la primera se emocionará más todavía... y al cabo de varios intercambios de ésta índole el texto se volverá dulce y esponjoso hasta límites insospechados.

De ahí, nuevamente, la importancia de mayusculizarse a la menor ocasión.

(Gracias, almenitA)

aMORES IMPOSIBLES

Bien sabido es lo poco que se lee en este país. Hay quien lo achaca a unas razones, hay quien lo achaca a otras, pero lo cierto es que ninguna de estas razones se acercan a la verdadera: la relación entre los humanos y las minúsculas está marcada por la fatalidad de un amor imposible, el de quienes nunca se encuentran.

He aquí el escollo: hay que ser minúsculo para encontrarse con el par literal. Hay que ser tan pequeño e insignificante como lo son ellas; para la mayoría de los humanos esto significa que hay que ser niño o anciano. 
El caso es que los niños todavía no saben leer, mientras que en la vejez ya no se tiene la vista suficiente como para distinguir a las pequeñas ni aun con cuatro pares de gafas sobrepuestas. 
En cambio, cuando ya sabemos leer y disfrutamos de una buena vista, son otros los intereses que nos guían: los intereses mayúsculos. Apenas nos queda tiempo para prestar atención a lo que digan las pequeñas. Priman los formularios y los informes, escritos siempre en mayúscula.

De ahí que se lea tan poco, de ahí que este amor sea imposible.

Nota mental: voy a leer mucho ahora, para cuando ya no pueda ver a estas locuelas.

ENSALZaDAS

Pasa, no se sabe bien por qué, que a algunas minúsculas se las ve cada vez más y más grandes, hasta alcanzar tamaños considerables (he visto algunas tan grandes que tenían que ser alzadas por las grúas en lo alto de los edificios, puesto que en los libros ya no cabían).

Cuando esto ocurre, lo normal es venirse a mayúscula, pues bien se sabe que en lo alto sólo deben estar las letras capitales.
Sin embargo algunas minúsculas no saben hacer la conversión, pobrecitas. Y se quedan ahí, ruborizadas por el protagonismo que nunca soñaron, torpes y gigantonas, escandalizando a todos con su comportamiento  ridículo en las recepciones, con su falta de elegancia en el vestir, sus ideas locas de minúscula y el desacato absoluto de lo que las Reales Academias de las Lenguas dictan.

Esto ocurre rara vez, es cierto, pero siguen siendo terribles accidentes que, sin duda, sería mejor evitar. Semejantes modelos de conducta no pueden más que entorpecer la educación de nuestros niños.

LETRa PEQUEÑA

Los cachorros de las minúsculas, conocidos por el nombre de "letra pequeña", son diminutos, alocados, inquietos y extravagantes.Todavía sin pulir por una esmerada educación, tienen la mala costumbre de llamar siempre las cosas por su nombre sin ningún pudor (los borrachos y la letra pequeña nunca mienten, dice el refranero minuscular), por lo que sus palabras resultan molestas para las letras ya crecidas, sobretodo para las mayúsculas. Por este motivo son relegados a los pies de página y otros lugares donde no molesten demasiado.

Y arrinconaditos ahí, nadie los lee, aunque se haya demostrado innumerables veces que nos evitaríamos muchos disgustos si leyéramos la letra pequeña.