LAS MáS FELICES

De entre todas las letras, las más felices son aquellas que tienen el privilegio de vivir en una biblioteca pública. Les encanta saber que no tienen dueño, adoran viajar de casa en casa y ver otros mundos o rostros cada vez que se abre su libro de nuevo.

Aunque después las despedidas sean inevitables, aunque llegado el momento se ahoguen en llantos, mocos y nostalgias, a las pequeñas faranduleras les encanta ser leídas por distintos ojos en cada ocasión. Ahora unos ojos verdes, ahora estos tan hermosos de largas pestañas, ahora estos otros, tan sonrientes...
Embelesadas así, lamentan la triste situación de sus pobres hermanas de librería, minúsculas que han sido compradas por alguien y que, una vez leídas, no vuelven a ver caer el sol sobre sus páginas nunca más.

13 comentarios:

  1. Ser de todos y a la vez de nadie...

    Gran experiencia la de esas minúsculas. Estar siempre dispuesta a la vida nómada, aunque sea por destino... Sí muy enriquecedora y generosa su aceptación y disfrute. Y aunque cueste lágrimas elimina el apego innecesario a cosas, lugares, miradas, y al final siempre se vuelve al origen....

    Besitosss, ami

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  2. Lo malo es que a veces las secuestran y nunca las devuelven; debe ser lo más triste para quien conoció la libertad.

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  3. No hay nada más hermoso que un libro mil veces leido, con las páginas blandas y dóciles de tanto usarse, sí. Un abrazo.

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  4. Lo bueno de las bibliotecas, es que las aminus disfrutan de ese olorcito tan lindo a cuento, novelas, a papel y a veces porque no: a libro viejo.

    Buena semana.

    mariarosa

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  5. Qué bien lo has resumido, Luz, con ese "ser de todos pero de nadie". Es exactamente eso lo que necesitan las minúsculas para ser felices.
    Bessitos

    Miguel, las minúsculas secuestrafas a las que no devuelven son incluso más infelices que sus iguales de librería. Una vez que se conoce la libertad y lo grande que es el mundo, difícil conformarse con otra cosa. Esas minúscula, de hecho, perecen.

    Rosana, así es, porque cada nueva mirada que se pone sobre las páginas escribe un mundo entre lineas. Un beso.

    Marirosa, lo bueno de las bibliotecas es eso y todo lo demás que tienen. Y cuántas minúsculas ahí dentro! Un beso.

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  6. ¡uy! con lo que yo quiero a mis libros... con su pluma-lagartija y todo... y ahora tengo problemas de conciencia ¿estaré haciendo infelices a las minúsculas de mis libros?

    ¡ay!

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  7. Almena, también tengo yo apego a unos pocos libros y ¿sabes qué hago? Los leo una y otra vez, así las minúsxulas se ponen contentas. A los que no quiero leer más, los libero en cuanto encuentro los ojos adecuados para ellos.
    Un beso

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  8. Ayayayyyy, pero sobre todo que tengan cuidado con las ratas de biblioteca, que últimamente andan muy voraces...!!

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  9. Ay, Mercedes, no me las asustes. Yo siempre que aparece una de estas criaturas les digo a las minúsculas que son ratones y así se ponen a jugar con ellas y les hacen cosquillas. Y las ratas, divertidas, se vuelven mansas. Si es que la ignorancia es la clave de la felicidad.

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  10. a veces algún o alguna amante de las buenas letras le da una nueva oportunidad y relee el libro en cuestión.

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  11. Sí, es cierto, pero... ser leída sólo dos o tres veces en toda una vida de minúscula (bastante longevas ellas), no deja de ser algo muy triste para las pequeñas. Ellas querrían estar en escena todo el tiempo.

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  12. Pues yo no me considero dueña de ninguna, a pesar de que convivo con muchas...

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  13. Es porque las conoces bien, Dintel. Y sabes que las minúsculas nacen y viven libres, aunque las apariencias digan lo contrario. Pero por mucho que alguien pague dinero por ellas, jamás conseguirá que la minuscula escriba otra cosa que la que ha venido a escribir.

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