ALINEaDAS

Cuando las estrellas se alinean, a los afortunados sólo les cabe ser felices.

Cuando las minúsculas se alinean para desear un feliz año nuevo, a quienes las leen (lectores visibles o invisibles, anónimos o conocidos, comentaristas o silenciosos) no les queda otra que disfrutarlo y ser felices. Este año, como podéis ver en la documentación gráfica que aporto, las minúsculas se han alineado. Así que ¡disfrutadlo! ¡Feliz 2011!

MINUSCULIZaRSE

Con los tiempos que corren no cabe otra que minusculizarse. Muchos de los queridos lectores de este blog pensarán que eso es algo que se dice y se hace, sin más. Que las mayúsculas que no tienen más remedio que venirse a minúsculas no tienen que hacer nada, porque ya las cosas se hacen solas y una pasa de mayúscula a minúscula, sin más, en el mismo momento en el que lo ha perdido todo (o casi todo). 

Nada más lejos de la realidad. Minusculizarse es un proceso lento. Y no se trata tanto de lo que se tiene o de la posición que se ocupa en la frase, sino de como una piensa. En este blog hay muchos artículos que explican las diferencias entre minúsculas y mayúsculas desde el punto de vista del pensamiento y por ahí es por donde hay que empezar el trabajo de minusculización. 

He aquí una pequeña guía en cinco pasos para la minusculización:

1. prescindir de lo superfluo
2. encontrar su lugar en la frase
3. adoptar nuevas ideas
4. hacerse preguntas
5. desechar las expectativas previas

Hecho esto (mientras se come chocolate o se saca la lengua en el espejo), podemos considerara que el proceso de minusculización va por buen camino.

GRANDES CONCEPTOS... PEQUEÑaS CONVERSACIONES

Las mayúsculas no tienen tiempo y así lo afirman a cada dos frases. Se lo cuentan las unas a las otras, ahora quejándose, ahora compitiendo por demostrar que tienen menos tiempo todavía que la interlocutora*, ahora asintiendo solidaria junto a otras mayúsculas en igual situación.

En cambio las minúsculas no entienden las sutilezas del lenguaje, como ya sabemos.
 -¿Y quién tiene tiempo? -preguntará alguna tontamente.
 - El tiempo no se tiene -contestará otra todavía más boba- se disfruta o se malgasta, pero no se tiene. Nadie lo tiene.
- Yo tengo veinticuatro horas al día -dirá alguna, más espabilada en cuanto a matices semánticos-. Y con éstas me arreglo como mejor puedo.
Y luego siempre aparece alguna graciosilla:
- Yo no tengo ni un minuto, ni uno -dirá volviéndose los bolsillos del revés.

Y así, muertas de risa, concluirán la conversación sin haberse percatado siquiera de que las mayúsculas hablan de algo muy diferente. Pero claro, las pequeñas no tienen la capacidad de comprender los grandes conceptos.

*Cuanto menos tiempo tienen, más importantes se vuelven en las jerarquías. Pero cabe resaltar que el tiempo es el único bien sobre el que se compite en mostrar tener menos que nadie; en cuanto a otros bienes, la competición es justamente contraria.

PREGUNTONaS

Ahora que se acercan fechas tan señaladas cabe recordar a los más incautos que no es buena idea regalar una minúscula por Navidad. Como ya he dicho tantas veces, no es fácil convivir con semejante Pepito Grillo que más de una vez acaba por meter las narices donde no lo llaman.

Para muestra, un botón. Hace pocos días estábamos la boba y yo repantingadas (yo en el sofá, ella en su cuaderno de notas), de cháchara ligera sin trascendencia.

Minúscula a: Dime, ¿qué es la Navidad?
Yo: Una fiesta cristiana en la que se celebra el nacimiento de Cristo.
Minúscula a: ¿Fiesta cristiana? ¿Sólo la celebran los cristianos?
Yo: Bueno, desde hace un tiempo ya no, ahora se ha vuelto tradición de consumo así que ya no es sólo para cristianos.
Minúscula a: ¿Tú eres cristiana?
Yo: No.
Minúscula a: ¿Consumista?
Yo: Tampoco.
Minúscula a: ¿Y entonces por qué celebras la Navidad?
Yo: Pueeees...

Dichosa pequeñaja y sus preguntitas. Ya me ha fastidiado las fiestas para siempre.