COMPULSIVaS

Cuando una minúscula desaparece de pronto y no se sabe de ella, es seguro que la pequeña esta siendo secuestrada por su propia compulsión en vete tu a saber que actividad absurda (actividad que puede ir desde bordar camisones hasta fotografiar insectos, pasando por aprender patinaje artístico).

Nadie puede prever cuando va a ocurrir semejante arrobamiento, ni siquiera la propia minúscula. Así, la pobre puede ponerse a doblar calcetines un día cualquiera y quedarse prendada de lo hermosamente colorido que ha quedado el cajón, querrá hacer lo mismo en el siguiente y luego en otro más. Dos semanas más tarde, para su propia sorpresa, la minúscula se encontrara a sí misma fraguando cemento para esa chapuza que llevaba postergando algunos años. Y continuará en su fiebre compulsiva con nuevas tareas sacadas de la manga (léase customizar una lámpara, pintar las puertas o reubicar todos los muebles).

Así es como se pierde una minúscula por semanas y hasta meses. 
De nada sirve, por cierto, denunciar su desaparición: todos saben ya de estos arrebatos compulsivos y nadie se preocupa por las repentinas y prolongadas ausencias.