MISTERIOSOS ENCaNTOS

Ya se ha dicho antes aquí que las minúsculas aman las letras, pero tengo que detallar de qué manera se produce el amor en el caso de estas pequeñas.

Cuando dos minúsculas se conocen, ocurre igualito que en el caso de los humanos: se encuentran, se ven y ¡zas! quedan enamoradas. La principal diferencia entre humanos y minúsculas es que éstas últimas en realidad no "miran" a la otra letrita, sino que la leen. ¿Qué otra cosa puede hacerse cuando se tiene una minúscula delante? Hay estudios que demuestran que a las letras no se las puede mirar sin más, siempre se las lee, tanto si se tiene la voluntad de hacerlo como si no. Puesto que incluso el poderosísimo cerebro de los humanos es vulnerable a estos misteriosos encantos ¿cómo va a evitarlo una simple cabecita de minúscula? 

Así pues, las minúsculas no se miran, se leen. Y es de este modo, leyéndose las unas a las otras, como se enamoran las pequeñas.

OBJETOS SOLIDaRIOS

Cuando las mayúsculas organizan algún acto solidario, todo está pensado al detalle. Hay que reconocerles que saben hacer las cosas muy bien.
Las mayúsculas saben lo complicado que resulta que alguien regale su dinero sin más, por lo que, siguiendo el sistema “tú ganas, yo gano”, ofrecen algún objeto a cambio de ese dinero. Pongamos por ejemplo estas pelotas. Las pelotas se venden y todos ganan algo.

Las minúsculas en cambio son demasiado limitadas para idear estrategias de este tipo. Incluso si a alguna se le ocurriera, no llegaría a buen puerto, porque entonces se pondrá a mirar los costes de fabricación y transporte, para acabar de vuelta a su idea original: mejor donar el importe íntegro a la causa, sin llevarse ningún objeto a cambio.

Y no se dan cuenta las bobas de que han hecho los cálculos mal: si se externalizan los costes de producción, los beneficios son mucho mayores de lo que las pequeñas con su mente simplista han calculado. Y con esos beneficios se podría salvar al mundo de la miseria.

CONFUNDIDaS

Las minúsculas tienen grandes dificultades para retener las expresiones en su forma original. Se ponen a jugar con las palabras y después, a la hora de recoger, ya no saben donde iba una y donde la otra. Entonces las dejan de cualquier manera, convencidas de que en realidad las dejaron en su lugar original. Luego leen la frase resultante y se rigen por estos preceptos tergiversados.

"Corazón que no siente, ojos que no ven", dicen las bobas, por poner un ejemplo. Y ni se percatan de haber cambiado por completo el significado del refrán.

aCENTOS

Los acentos, Mercedes, sólo son vírgulas venidas a más. Son signos que se han subido a la cabeza de alguna cariñosa minúscula y cuando digo se han subido lo digo literalmente (y cuando digo literalmente lo digo en todos los sentidos).

Por otro lado (y contestando ya a tu pregunta), los acentos no suelen intervenir en las conversaciones. Ni les interesa, de hecho. Prefieren quedarse ronroneando sobre la pequeña cabecita, sintiéndose el centro de la atención. Pero como la minúscula quedará fascinada por la conversación de cualquier otra letra, el acento malcriado clavará sus uñas discretamente para recordar su valiosa presencia, dando como resultado un minúsculo aullido. De ahí que toda letra acentuada nos parezca poseedora de una voz más sonora que la de sus semejantes.