CaLOR

Las minúsculas (y todos los demás signos) pasan mucha calor en verano. 
Por favor, no dejéis los libros al sol en la playa, atados frente al supermercado mientras compráis el pan, u olvidados en los balcones de casa. Ni encerrados en los coches, claro.

MENOS ES MaS

Dado que las minúsculas no entienden los juegos de palabras de las mayúsculas, han creado su propio juego de palabras, juego que, por supuesto resulta incomprensible para las cultivadas letras capitales.
Las minúsculas dicen ahora que menos es más. Lo dicen y lo gritan a los cuatro vientos, lo defienden casi como a su religión y, lamentablemente, lo hacen con total convencimiento de su veracidad. El refranero popular les ha jugado una mala pasada a las pobres porque como "no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita" ellas deducen de ahí que menos es más.
Las mayúsculas intentan por todos los medios hacerlas entrar  en razón, agitan sus brazos cubiertos de pulseras, les exigen la cordura... pero con muy poco éxito. O ninguno. 
Al acabar estos infructuosos debates, las unas se van a dormir panza arriba y las otras a comprobar si hay modo de unificar las facturas a crédito en un mismo pago mensual, o a pedir otro crédito en caso de que no.
-Menos es más, menos es más... Bah, cualquiera hace caso a estas bobas. -refunfuñan las mayúsculas.

FIESTa

Minúsculas y mayúsculas son muy diferentes, cómo ya habrán notado los y las lectores/as de este blog, pero nada las distingue tanto cómo su forma de divertirse: mientras la minúsculas se conforman con dos puñados de confeti, gorritos de colores y algún matasuegras, las mayúsculas se muestran mucho más sofisticadas en sus celebraciones.

A las mayúsculas les gustan las grandes tradiciones de espectáculos con letras y bestias luchando a vida o muerte, que siempre, siempre acaban en muerte y despedazamientos póstumos. Les gusta ver correr la tinta por diversas partes del cuerpo de la bestia, les gusta verla jadear y caer vencida a los pies de una mayúscula.
Ante esta (a sus ojos) crueldad innecesaria, vergonzosa y salvaje, las minúsculas protestan y se acuestan desnuditas frente a los lugares donde se celebran este tipo de de espectáculos, creyendo las pobres que van a arreglar algo con esto, pese a los abucheos de las mayúsculas escandalizadas por la poca vergüenza que las pequeñas tienen.
Pero la tradición es la tradición* y las mayúsculas la defienden a capa y espada, literalmente.

*Cabe recordar que ya en tiempos de las letras romanas se celebraban este tipo de fiestas, donde se arrojaba a las minúsculas en una plaza para ser devoradas por las bestias; finalmente fueron prohibidas, hoy serían impensables por la Declaración de los Derechos de las Letras. Por suerte no existe una Declaración de los Derechos de ningún signo más, por lo que no hay razón legal para que la FIESTA, así, en mayúsculas, siga su curso.

CUaRENTA


Cuando una minúscula cumple los cuarenta años es costumbre que las bienintencionadas mayúsculas de su párrafo se reúnan con la pequeña para aconsejarla sobre algunos hábitos que ésta debería adoptar de ahí en adelante: dejar de escribir blogs sobre minúsculas (es una ocupación ridícula), dejar de dibujar cronopios (no es nada serio), dejar de sacar la lengua en el espejo (es tan, tan, tan infantil) y dejar de decir su edad (es de mal gusto).

Rara es la minúscula que atiende estas sabias palabras, con una tarta de chocolate delante estas pueriles letras son incapaces de atender a los mayores y portarse como es debido.