SILENCIaDAS



Uno de los lugares más inhóspitos para las minúsculas son los teléfonos móviles, los de los adolescentes en particular. Estos seres son extremadamente despiadados con las pequeñas, pues ignoran a gran parte de ellas al redactar sus mensajes sms. Por poner ejemplo, este escrito quedaría de la siguiente manera:

1 d ls lgars + (inhóspito no existe, los adolescentes no usan tanto vocabulario) xa ls minsculs sn ls tlfns mvls ... etc.

Observad que multitud de minúsculas han sido silenciadas y otras han sido sustituidas por signos o números, de tal modo que donde convivían cincuenta y una letras ahora sólo quedan treinta y tres de ellas, un número y un signo. Observad que, aunque se las intuye, de veinticuatro vocales sólo quedan cuatro y, en cambio, de treinta y dos consonantes sólo han sido enmudecidas o sustituidas cinco, con lo cual la proporción de víctimas es prácticamente inversa. Como vocalista militante que soy, debo alzar mi grito en el cielo por semejante opresión.

Difícil es ser minúscula, pero más difícil todavía si además se es vocal, esta es mi conclusión.

CONFUNDIDaS

Ya se sabe lo predispuestas que se muestran las minúsculas a las celebraciones, pero en el caso de las fiestas navideñas, pobrecitas tienen mucho que padecer, dado ninguna de ellas conoce cual es el comienzo exacto de dichas celebraciones. Por un lado, los anuncios de televisión dicen que empiezan el tres o cuatro de noviembre, por el otro lado, los grandes almacenes dicen que el veinticinco del mismo mes.

En todo caso las pequeñas están convencidas de que noviembre es el mes de la navidad. Se ponen su gorrito rojo y empiezan a festejar, a comer turrones y mazapanes, a regalar piruletas a las demás letras que forman palabra con ella... y todo lo que se supone que una letra educada debe hacer en estas fiestas tan señaladas.

Llegado el mes de diciembre, las pequeñas ya no tienen aliento, no pueden cantar un un sólo villancico más, han engordado los gramos que luego tendrán que rebajar y han gastado todos sus ahorros en piruletas, mazapanes y tinta morada con la que vestirse en noche vieja (fecha que sí conocen).

Las mayúsculas, letras sabedoras que comprenden perfectamente el valor de la fechas (y la utilidad que tiene el adelantar varios meses la emisión de mensajes Navideños), ríen a carcajadas viendo semejante comportamiento de las payasas, aunque ninguna se molesta en sacarlas de su error, por no estropearse la diversión.

LIBRaRSE DE UNA MINUSCULA



Ya he mencionado en otra ocasión que no era muy buena idea regalar minúsculas a las personas y hoy voy a daros el argumento definitivo: es imposible librarse de una minúscula una vez ha llegado a entrar en tu vida.

Tarde o temprano te sentirás cansado/a de llevar a cuestas a esta letra tan infantil e ingenua... tan idiota, podría decirse. Te sacará de quicios su complejo de Pepito Grillo, esa indecorosa costumbre de hacer ver lo que es correcto y lo que no. Te cansarás de mirar siempre hacia el lado donde están los problemas del mundo, sin posibilidad de mirar nunca para otro lado. Tarde o temprano dirás "¡basta!".

Llegado ese momento, de nada servirá pedirle a la minúscula que se marche a vivir a otro lugar porque ella no hará caso a estas palabras, pues creerá que es una broma (broma de mayúsculas, pero broma a fin de cuentas). Entonces te verás obligado/a a llevar a la pequeña a un descampado, dejarla en el suelo y salir corriendo lo más rápido de lo que eres capaz.
Pero ni aun por éstas, la minúscula es como un cahorrito de perro: correrá detrás de ti convencida de que se trata de un divertido juego. Al alcanzarte te cubrirá a lametones y moverá la colita (en este caso la de arriba, con su lacito), te mirará cariñosa mientras se ruboriza de tanta emoción y amor que la embarga en ese momento.

Y te enternecerás otra vez. Y la recogerás del suelo, resignado/a a compartir algunos años más con ella.

ENCaRCELADAS


Cuando las minúsculas cometen algún delito, son apresadas y encerradas en Diccionarios de las Reales Academias donde se espera que paguen por sus pecados y, de paso, se conviertan en letras de provecho.

Y diréis, queridos y honorables lectores de este blog: "¡¿Pero qué delitos podría cometer una minúscula?!". Bien, he de deciros que las minúsculas también cometen delitos, hay incluso quien cree que los delitos son siempre cosa de minúsculas y nunca de las mayúsculas, puesto que éstas últimas suelen salir airosas de cualquier acusación formal.
Uno de los principales delitos de las minúsculas, por ejemplo, es no aceptar su condición y querer ser otra cosa diferente. Hay minúsculas que siguen con la patraña de la igualdad en la boca, al mismo tiempo que hablan de la diversidad, sin darse cuenta las pobres que o es una cosa o es la otra, que estas dos palabras se excluyen mutuamente. Creen, además, que cada quien puede ser lo que desee, negándose a admitir que cada quien es (y debe ser) quien ha nacido y no hay posibilidad de transformación. Ninguna.

Volviendo al tema que nos ocupa, cuando las minúsculas son encarceladas, privadas de su libertad y de sus lápices de colores, cuando se ven tan estrictamente definidas, se sienten tan desdichadas que pueden llegar a perder la razón (si es que tuvieron uso de ella alguna vez). Las otras minúsculas de su párrafo, por suerte, se acercan hasta las tapas del Diccionario y le leen poesías o le cuentan chistes de Lepe para que cobre fuerzas, pobrecilla.

FILOSOFaNDO


Las mayúsculas siempre van con prisas, de una frase a otra, productivas e hiperactivas en cada uno de sus actos, en cada una de sus apariciones. Así es como se produce más y mejor, aseguran.

En cambio las minúsculas... en fin, no es que no sepan o no quieran correr al mismo ritmo, sino que andan un poco en las nubes filosofando, leyendo, escribiendo, dibujando o cualquier otra cosa que pase en un momento dado por sus pequeñas cabecitas. El tiempo se dilata o se encoje para ellas de forma tan incomprensible que de pronto ha pasado la mañana, se les ha hecho tarde para comprar el pan o llevan semanas si escribir una palabra en su blog.

Quienes tengan algún tipo de relación con una minúscula deberán tener en cuenta este hecho esencial y perdonarlas de corazón, ya que ni son conscientes de lo que hacen, ni es posible cambiarlas.

PaPELES


A las letras les gustan mucho los papeles, como es natural, pero en el caso de las mayúsculas este "gusto" sobrepasa ya su concepto, sobrepasa incluso el concepto de amor, para llegar al punto de verdadera obsesión. Una mayúscula, por ejemplo, será incapaz de realizar el más mínimo acto sin generar a raíz de ello una considerable cantidad de informes, justificantes y comprobantes, sellados y firmados, por duplicado o triplicado, según el caso. Y cómo son siempre las mayúsculas quienes encabezan los libros, los párrafos y hasta la más insignificante frase, todos los textos se rigen por estas normas y esta producción obsesiva de papeles y documentos.

Las minúsculas, caóticas cómo son, se pierden entre tantos papeles (a veces se pierden literalmente y tardan semanas en encontrar la salida para volver a ocupar su sitio) y cometen graves errores: escriben datos confidenciales en papel autocopiable, redactan las memorias más largas sobre un rollo de los de cocina (cómo son un rollo, pobrecitas se confunden y creen que de ahí viene la expresión), envían los informes de gestión a sus subordinadas en vez de a las letras capitales... causando graves malentendidos en el párrafo y a veces entre ellas mismas.

CaLOR

Las minúsculas (y todos los demás signos) pasan mucha calor en verano. 
Por favor, no dejéis los libros al sol en la playa, atados frente al supermercado mientras compráis el pan, u olvidados en los balcones de casa. Ni encerrados en los coches, claro.

MENOS ES MaS

Dado que las minúsculas no entienden los juegos de palabras de las mayúsculas, han creado su propio juego de palabras, juego que, por supuesto resulta incomprensible para las cultivadas letras capitales.
Las minúsculas dicen ahora que menos es más. Lo dicen y lo gritan a los cuatro vientos, lo defienden casi como a su religión y, lamentablemente, lo hacen con total convencimiento de su veracidad. El refranero popular les ha jugado una mala pasada a las pobres porque como "no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita" ellas deducen de ahí que menos es más.
Las mayúsculas intentan por todos los medios hacerlas entrar  en razón, agitan sus brazos cubiertos de pulseras, les exigen la cordura... pero con muy poco éxito. O ninguno. 
Al acabar estos infructuosos debates, las unas se van a dormir panza arriba y las otras a comprobar si hay modo de unificar las facturas a crédito en un mismo pago mensual, o a pedir otro crédito en caso de que no.
-Menos es más, menos es más... Bah, cualquiera hace caso a estas bobas. -refunfuñan las mayúsculas.

FIESTa

Minúsculas y mayúsculas son muy diferentes, cómo ya habrán notado los y las lectores/as de este blog, pero nada las distingue tanto cómo su forma de divertirse: mientras la minúsculas se conforman con dos puñados de confeti, gorritos de colores y algún matasuegras, las mayúsculas se muestran mucho más sofisticadas en sus celebraciones.

A las mayúsculas les gustan las grandes tradiciones de espectáculos con letras y bestias luchando a vida o muerte, que siempre, siempre acaban en muerte y despedazamientos póstumos. Les gusta ver correr la tinta por diversas partes del cuerpo de la bestia, les gusta verla jadear y caer vencida a los pies de una mayúscula.
Ante esta (a sus ojos) crueldad innecesaria, vergonzosa y salvaje, las minúsculas protestan y se acuestan desnuditas frente a los lugares donde se celebran este tipo de de espectáculos, creyendo las pobres que van a arreglar algo con esto, pese a los abucheos de las mayúsculas escandalizadas por la poca vergüenza que las pequeñas tienen.
Pero la tradición es la tradición* y las mayúsculas la defienden a capa y espada, literalmente.

*Cabe recordar que ya en tiempos de las letras romanas se celebraban este tipo de fiestas, donde se arrojaba a las minúsculas en una plaza para ser devoradas por las bestias; finalmente fueron prohibidas, hoy serían impensables por la Declaración de los Derechos de las Letras. Por suerte no existe una Declaración de los Derechos de ningún signo más, por lo que no hay razón legal para que la FIESTA, así, en mayúsculas, siga su curso.

CUaRENTA


Cuando una minúscula cumple los cuarenta años es costumbre que las bienintencionadas mayúsculas de su párrafo se reúnan con la pequeña para aconsejarla sobre algunos hábitos que ésta debería adoptar de ahí en adelante: dejar de escribir blogs sobre minúsculas (es una ocupación ridícula), dejar de dibujar cronopios (no es nada serio), dejar de sacar la lengua en el espejo (es tan, tan, tan infantil) y dejar de decir su edad (es de mal gusto).

Rara es la minúscula que atiende estas sabias palabras, con una tarta de chocolate delante estas pueriles letras son incapaces de atender a los mayores y portarse como es debido.

GRAFOLOGÍa

Cuando una minúscula cae enferma (rara vez, muy, muy rara vez) debe acudir al grafólogo para que analice su letra y su psique y así detectar los posibles trastornos que la pequeña pueda estar sufriendo.

El procedimiento en estos casos es el siguiente: la minúscula llegará al despacho del grafólogo titulado con tres cuartos de hora de antelación y esperará pacientemente en la sala adecuada para tal fin; aprovechará este rato para practicar una letra bonita y clara en su cuaderno de dibujo.
Llegada la hora, entrará al despacho en el que el titulado ya se habrá escondido tras el biombo para no influir en su letra (quiero decir en la letra con la que ésta escribe). Tras las presentaciones y saludos de rigor, saludos que la minúscula realizará ante el espejo sacando la lengua por lo menos tres veces, la pequeña cogerá un papel y escribirá el texto más profundo que se le ocurra, para impresionar al grafólogo y así obtener un diagnóstico favorable, cosa que sin duda sucederá.

Así transcurren las visitas ordinarias al grafólogo en lo que a minúsculas se refiere. Las mayúsculas, en cambio, tienen muchas más complicaciones: con tantas responsabilidades que tienen, con ese ritmo de vida, se dan muchos casos de graphofobia* entre ellas.

*miedo a la escritura

aDOPCIONES

No quería llegar a este extremo, pero vuestro empeño en ver a las minúsculas con buenos ojos me obliga a contar algunas cosas más incómodas.

Las minúsculas no sólo van con sus monociclos de aquí para allá para no contaminar el contexto, exponiéndose al mayor de los ridículos, como ya contábamos antes, sino que se unen a cualquier campaña que pueda surgir sobre estos temas.

Supongamos que una de estas minúsculas, llamémosla Lilyth, se le ocurre la idea de querer salvar el contexto con una pequeña acción de cada una de las letras (las minúsculas siempre tienen ocurrencias así). Supongamos que la mencionada minúscula crea un meme al respecto para así difundir su alocada idea ecologista con reglas del tipo "debes elegir a blogueros que consideres sean responsables con el medio ambiente, y estén dispuestos a comprometerse con el meme; cada bloguero debe exhibir el logo de 'adopta una bolsa', exhibir estas reglas."
En este supuesto ¿qué hará una minúscula corriente? Seguir de cabeza la campaña y adoptar una bolsa. Adoptarla literalmete, porque ya sabéis que las minúsculas no entienden de juegos semánticos ni dobles sentidos.
Algunas de ellas, las más espabiladas, intentarán hacerse las suecas (literalmente, claro) y pasar de largo ante este meme, sabiendo que una minúscula jamás señalaría con el dedo a nadie para que le sigan la corriente...

Y ahí quería yo llegar, a lo que pueden llegar a hacer estas pequeñas y auto-erigidas voces de la conciencia: si bien no señalarán a nadie, en el último instante dirán con sus vocecitas :"¡Mayúscula quien no siga el meme!" y correrán a esconderse ruborizadas por el atrevimiento.

ECOLOGISTaS


Ya se ha dicho antes que las minúsculas tienen un gran parecido moral con Pepito Grillo y esto es aplicable no sólo a sus palabras, sino también a sus actos, sean de la índole que sean. Ha llegado el momento de dar algunos ejemplos más concretos, ya que parece que los lectores de este blog se empeñan en verlas como seres tiernos y agradables.

Uno de los aspectos en los que más molestas pueden llegar a volverse las minúsculas es en el cuidado de contexto. Por ejemplo, en sus desplazamientos ellas usan siempre métodos de tracción literal, en vez de carísimos, elegantes y, como ellas consideran, "contaminantes" vehículos a motor.

Desde un principio las minúsculas se decantaron por las bicicletas, pero claro, con sólo dos patitas no podían pedalear y sujetar el manillar al mismo tiempo así que, más que para desplazarse, el esfuerzo servía para desconcharse la tinta en las infinitas caídas. Pero esto no las hacía desistir y una y otra vez se subían a sus bicicletas con tanto empeño, que llegaron a enternecer alguna que otra vez a las mayúsculas*.

Para solucionar el problema decidieron prescindir de los pedales, pero al ver que de este modo el desplazamiento se hacía imposible en cualquier superficie que no fuera cuesta abajo, probaron la otra versión (que resultó ser definitiva), es decir el instrumento que hoy conocemos por el nombre de "monociclo".
También fue entonces cuando se instauró la figura del payaso sobre un monociclo: verlas hacer equilibrios de esa manera provocaba la hilaridad de las mayúsculas hasta tal punto, que llegó a convertirse en uno de sus espectáculos favoritos para el domingo por la tarde, en el paseo con sus hijos.

*admito que no hay pruebas científicas de que las mayúsculas puedan enternecerse, es una conjetura que yo hago en base a algunos rumores

COLONIZaNDO

Ahora las mayúsculas quieren descubrir y colonizar nuevas superficies, como si nada hubieran aprendido de las anteriores hazañas.

Por si alguien no conoce la historia de la escritura y aunque esto ahora no nos resulte comprensible, al principio de los tiempos había muy pocas letras. Algún pergamino que otro, luego unos pocos libros escritos a mano por monjes, después vinieron los cartas de amor... y así poco a poco las letras fueron colonizando superficies cada vez más extensas. Las minúsculas eran subidas a los barcos de papel por orden de las mayúsculas (siempre son las mayúsculas quienes dan las órdenes y las minúsculas quienes las ejecutan) y enviadas a colonizar los lugares más lejanos e inexplorados. Las pequeñitas se sentían un poco piratas en este asunto, hay que decirlo, y se ponían un parche en el ojo para estar más acorde a la situación.

Poco se conserva de los signos aborígenes encontrados en las nuevas superficies colonizadas, la práctica totalidad de ellos ha tenido que elegir entre convertirse en minúscula o perecer (los signos aborígenes nunca podrían aspirar en convertirse en mayúsculas, esto es un hecho). Hoy en día las superficies están pobladas por letras de nuestro alfabeto (con un par de excepciones o tres): libros, cuadernos, documentos oficiales y ya hasta los mundos virtuales. Se ha llegado a una superpoblación tal, que muchas letras han tenido que emigrar a las etiquetas de las botellas de refrescos, toldos, cabinas telefónicas, vallas publicitarias y hasta en el teletexto. Por no hablar del infinito mundo de los blogs.
Nadie recuerda lo que había en esos lugares antes de la llegada de las letras, de los signos aborígenes no queda nada.

...Y ahora las mayúsculas quieren colonizar nuevas superficies (las buscan con telescopios gigantescos copiados de esas películas en las que los extraterrestres vienen a la tierra para aniquilar su población y apoderarse de ella) y lo dicen cómo si esto fuera lo más deseable para aquellas superficies aún no escritas incluso antes de conocer cómo son.

REGRESAN LAS MINUSCULaS


¿Cuánto tiempo se puede vivir sin blog? Hay personas que pueden hacerlo durante años, décadas y hasta la eternidad, pero una minúscula no resistiría mucho tiempo. Ella piensa que sí, pobrecita, e intenta escapar de su blog bajo excusa de etapas introspectivas y qué sé yo qué otras tonterías del estilo, pero al final tiene que volver a su medio natural y (d)escribir su pequeña, absurda e insignificante vida.

Hoy vuelve la minúscula a, con las maletas aún sin deshacer (y cuanto más tarde en deshacerlas, mejor, porque las trae llenas de figuritas, postales y souvenirs coloridos que sólo los turistas primerizos y las minúsculas tienen el valor de comprar... y de regalar a sus seres queridos), con muchas minusculeces de qué hablar y un discretamente nuevo look.

Os pido de nuevo paciencia con las opiniones y anécdotas que en su nombre me veré obligada a escribir en este blog.