PUNTO Y FINaL

Cuando una minúscula siente que ha cumplido su función, o que se cierra el círculo, o que se acaba el capítulo... o como los lectores de este blog quieran llamarlo, ni los premios ni las musas-troll consiguen retenerla, sabe que hay que cerrar el libro.

Lo hace dando las gracias, infinitas y humildes gracias por cada vez que alguien la visitó y leyó sus bobas palabras. Por los comentarios, por las sonrisas que éstos le han regalado y por miles de cosas que nunca acabaría de nombrar una por una.

Se va con alegría y desea que así se por parte de todos los que la visitaron porque no es una despedida: ellos y ellas seguirán leyendo y escribiendo hileras de pequeñas minúsculas, que cumplirán su función y sus ciclos y les acompañarán alborotando los textos con las niñerías que aquí he ido relatando.

Gracias.


Actualización

Tanhäuser me hace este magnífico regalo (gracias de nuevo, amigo):


UNA TROLL PROPIa

Pocas minúsculas, hay que admitirlo, muy pocas consiguen escribir un blog y mantenerlo por algún tiempo. Dadas estas cifras tan preocupantes (siete de cada diez minúsculas renuncian a escribir* en su blog) cabría preguntarse qué hace que unas minúsculas escriban y otras no lo consigan. ¿Qué necesita una minúscula para escribir un buen blog?

Tiempo atrás, por hacer un poco de historia, esta pregunta fue planteada con respecto a las mujeres y la novela, ya que se daba una situación muy similar al que ahora viven las minúsculas con respecto a sus blogs, aunque por causas muy diferentes (y dolientes). La respuesta en aquella ocasión fue bien sencilla: el libro Una habitación propia, absolutamente recomendable incluso hoy en día.

Pero volvamos a las minúsculas y sus necesidades básicas para escribir: ¿qué es lo que marca la diferencia entre una minúscula que escribe blogs duraderos y otra que abandona? Algunos lo habréis adivinado, se trata de tener o no una troll propia.

Ya sabemos el cariño que las minúsculas profesan a toda clase de mascotas, pero con sus trolls es algo especial: las trolls hablan un lenguaje que las minúsculas son incapaces de comprender, pues nunca lo utilizan entre ellas y, como no comprenden nada, deciden imaginar cual podría ser el significado de las palabrejas, inventando así historias divertidas. Historias que después contarán en sus blogs.


Lo malo es que la pequeña egoísta moderará los comentarios del blog para quedarse con todas las historias de su troll y nadie las pueda escuchar de primera mano, mejor dicho de primera boca.

*debemos recordar que para las minúsculas escribir equivale a vivir