TITULITIS

Del mismo modo en que las minúsculas aspiran a tener una palabra propia (y algunas vocales consiguen formarla por si mismas sin necesidad de otras letras que la acompañen), las mayúsculas apiran a los títulos, de hecho una mayúscula sin títulos no es una verdadera mayúscula.

Ay, pero algunas mayúsculas son tan insignificantes que sólo consiguen un título a lo largo de su vida. Curiosamente éstas son las mejores defensoras de la titulitis y cada vez que se encuentran con una minúscula (o incluso con un signo de puntuación) le estampan en la cara su diploma, pronunciando con un afectación el título que ostenta.

Otras veces tiene la fortuna de coincidir con mayúsculas de su misma titulación. Entonces se deshace en sonrisas y mueve la colita (si es que la tiene) ...

BaSTA

Vírgula quiere aprovechar su popularidad para enviar este mensaje:




TRaJES

Cuesta admitirlo, pero sí, las minúsculas son horteras. Visten de colores chillones, extremadamente chillones. Increíblementextremadamente chillones.

El caso es que en sus cabecitas no cabe la idea de que la elegancia sea llevar un traje gris, idéntico (o casi idéntico) al de todas las demás mayúsculas. Si estas pequeñas letras tuvieran que hacerse un traje de chaqueta, o incluso un frac, lo encargarían de color rojo a lunares, verde chillón o azul con rayas amarillas. Así es cómo ellas entienden la elegancia.

Las burlonas mayúsculas, al verlas, les regalan una nariz roja. Y las bobas se la ponen encantadas: es un rojo tan hermoso...

ESPECIAL VIRGULaS

Tampoco es buena idea regalarle una vírgula a su jefe por Navidad (¿por qué no la clásica botella de nosequé vino caro?) y será mejor que lo explique antes de que nadie cometa un suicidio laboral.

Para empezar, las vírgulas no son útiles. Tal vez lo fueran tiempo atrás, pero hoy día nadie recuerda qué era aquello que hacían las vírgulas para ganarse el derecho de convivir con las letras. Hoy en día si alguien decide adoptar una vírgula, debe tener claro que no va a sacarle ningún provecho, más bien será la vírgula quien le saque provecho a una/o, sobretodo si se es minúscula.

Por otro lado hay que destacar que las vírgulas son incapaces de mantenerse a ras de papel: les gusta trepar lo más alto posible, sin tener en cuenta si están agarradas a un interrogante o al sombrero de una mayúscula inglesa (los sombreros de las mayúsculas inglesas son tan caros como lo son de feos, es un asunto directamente proporcional, por increíble que parezca).

Las vírgulas, mal que nos pese, durmen de día. Si alguien logra ver una vírgula a la luz del día, debe ser porque está comiendo o pidiendo comida (el ataque a los sombreros ingleses se produce siempre con nocturnidad, que es cuando las vírgulas cobran vida). Si no me creéis, abrid un libro cualquiera y encontrad una sola vírgula. Encontraréis comas y tildes, sí, pero vírgulas ninguna (es increíble que, siendo de la misma familia, tengan un comportamiento tan diferente).

Otra de sus peculiaridades es lo complicado que resulta darles la medicación ya que... bueno, mejor leerlo pinchando aquí, el ser que describen... bien podría tratarse de una vírgula... mi primera vírgula sin ir más lejos.

En resumen: nada de vírgulas por Navidad. Quien quiera meterse en semejante lío, que se lo busque solito.

VENIDaS A MAYÚSCULAS

Las minúsculas venidas a mayúsculas (que también pasa, sobretodo cuando una minúscula decide dejar de vivir en alquiler y quiere comprarse una palabra propia) suelen sentirse muy incomodas al encontrarse con quienes permanecen minúsculas.
Muchos creen que ello se debe a los aires de superioridad o que sé yo, pero no es cierto, no conocen a las mayúsculas. La verdadera razón es otra: en los ojos de las minúsculas se reflejan los pensamientos idiotas que la mayúscula también había tenido tiempo atrás, la ingenuidad más vergonzosa que una letra pudiera manifestar.
Cuando se encuentra con la vieja amiga minúscula, la nueva mayúscula se recuerda a si misma con la boca manchada de chocolate, o bailando desfogada en una fiesta de disfraces en la que ella había acudido vestida de vírgula gigante... o incluso cosas peores.
Se recuerda a si misma y se avergüenza... de este brillo que, involuntariamente, adquieren sus ojos ante los recuerdos.