LaS INOCENTES

Efectivamente, Almena, las minúsculas son inocentes. Tanto, que ni se acuerdan de ese día tan especial que celebra la inocencia (según las mayúsculas) o las inocentadas (según ellas mismas).

No se acuerdan, pobrecitas, y año tras año vuelven a creer las noticias de extraterrestres invadiendo la tierra o los signos chinos (incluso árabes en las bromas más salvajes) invadiendo el Quijote. Una y otra vez apremian a sus vírgulas a salir cuanto antes del libro en que se alojan (éstas, bajo el bigote aún manchado de turrón para vírgulas, sonrien complacidas por tan ridículo comportamiento).

Lamentable espectáculo y lamentable repetición, año tras año.

SINPaPELES


Cuando una minúscula es explusada (o se cae, la muy boba) del papel en el que ha sido escrita se convierte en una "sinpapeles". Esto significa que ya no tiene nigún papel. Significa que no tiene cobijo, ni forma parte de ninguna palabra, menos todavía de un contexto.
Una minúscula convertida en una sinpapeles conservará para siempre esta condición. Aun cuando fuera acogida en algún folleto o prospecto, siempre será una errada (o errata): las letras son muy estrictas en este sentido y jamás admitiran como propia una minúscula que vinera de otro texto.

Las mayúsculas nunca se caen. Sean del contexto que sean, siempre están en la parte de arriba y su caida se vería sin duda amortiguada por un sinfin de minúsculas (éstas en cambio sí notarían el golpe, incluso podrían ser quienes finalmente cayeran), por esto las mayúsculas no comprenden que haya minúsculas sinpapeles.
En Navidad regalan unos céntimos a aquellos libros cuyas letras empiezan a caer de forma escandalosa y hasta siempre.

FELICES FIESTaS

A nadie le sorprenderá (a estas alturas) saber que a las minúsculas les encanta la navidad, ni que no es por motivos mayúsculos o históricos. A ellas simplemente les encanta ver lucecitas de colores, paquetes envueltos en papel crujiente con mil dibujos, regalos maravillosos...
Cuando una minúscula dice "felices fiestas", no es un deseo que expresa, sino una constatación... tal vez redundante para su ingenua cabecita, ya que "infelices fiestas" no es algo que ellas puedan comprender.

Las mayúsculas sí comprenden las infelices fiestas, y ello resulta tan habitual que tienen que desearselo las unas a las otras, (con media boca eso sí) incrédulas de que ello fuera posible. Pero hay que entenderlas, para ellas la Navidad es un gasto tremendo, ya que su generosidad las impulsa a derrochar en regalos carísimos (aunque muchas veces no muy acertados, pero es el precio lo que cuenta).

La navidad en minúsculas es bien diferente. Es ridícula, lo confieso. Las minúsculas se reunen, con sus gorritos rojos sobre la cabeza, muchas veces incluso llevan matasuegras y serpentinas de spray... en fin, me resulta bochornoso entrar en detalles... El caso es que, de esta guisa, las minúsculas cenan (cualquiercosaquepuedacomerse), cantan (deaquellasmaneras) y se reparten sus estúpidos regalitos (léase lápices de colores, sombreros rojos, paraguas en fucsia y amarillo... etc.). Y con eso son felices y lo recuerdan a todas horas, se lo dicen a todo el mundo: "¡felices fiestas! ¡felices fiestas!"... y así hasta después de Reyes, pobrecitas.

PENA DE VIDa

Las mayúsculas son admirables por distintos motivos, pero nada cómo su extraordinaria capacidad de hacer malabarismos con las palabras, los argumentos y hasta las creencias.


Es evidente que una minúscula jamás llegará a adquirir estas destrezas y no es sólo por falta de talento, sino también por su abobado deseo de ver las cosas cómo razonables y coherentes. Son capaces de pasar horas y horas pensando en... por poner un ejemplo... en la pena de muerte y la pena de vida (ellas, en su limitada conciencia, consideran que obligar a una letra enferma a vivir cuando ya no lo desea, es una condena a "pena de vida" ...se confunden, pobrecitas, por el hecho de que esto también lo decidan un juez y un letrado, en vez de la propia letra...).

Tampoco entienden ellas que el argumento "no somos Dios para dictar la muerte de ninguna letra" no es igualmente válido para los mismos jueces cuando la condena es a "pena de vida" o a pena de muerte.

Es complejo, claro. Hay que ser mayúscula para comprenderlo.

POLITICAMENTE CORRECTaS

Lo creáis o no, hay mayúsculas tanto de derechas cómo de izquierdas. Sí, también las hay de izquierdas y si no estáis seguros de ello, haced un buen repaso a todas las letras rojas que seáis capaces de recordar en este momento.

Las minúsculas, en cambio, jamás logran decidirse por uno de los bandos: han oído aquello de ser "políticamente correctas" y con su ya consabida simpleza, toman la expresión literalmente. A las bobas no se les ocurre otra cosa más que esperar a que uno de los bandos haga las cosas correctamente, para así poder decantarse.

He aquí otra de las muchas razones por las que las minúsculas son y serán siempre minúsculas.

DOS aÑITOS


Hace dos añitos que estoy escribiendo con el nombre de aminúscula en muy distintos lugares (hubo un tiempo en que me mudaba mucho, seguro que algunas lo recordáis).
Gracias por acompañarme todo este tiempo, gracias por venir aquí a leer mis minusculeces, gracias por todos los comentarios que hacéis con tanto cariño. Gracias por todo, estos dos años os los debo a vosotr@s.

LAS MAYUSCULAS TAMBIEN LLORaN

Sí, las mayúsculas también lloran. De hecho las mayúsculas siempre lloran y hasta podría decir que no se puede llegar a mayúscula sin llorar por todos los pasillos y antesalas.

Las minúsculas, en cambio, consideran el llanto un acto privado. Cuando alguna fruslería alcanza su blando corazón, las minúsculas se retiran en su soledad y lloran según es debido.

Me hubiera gustado ilustrar este peculiar hecho, pero lo cierto es que nadie ha visto jamás llorar una minúscula, razón por la que la documentación gráfica al respecto es absolutamente inexistente. No obstante puedo asegurar que tanto mayúsculas como minúsculas lloran, si bien por motivos diferentes.

MALAS PULGaS


Alguna vez las minúsculas debieron oír que las mayúsculas tienen malas pulgas y, con su consabida simpleza, creyeron en ello al pie de la letra... ejem... bueno, ya me entendéis... Creyeron que ello era tan cierto cómo que ellas son minúsculas y así lo transmitieron a sus desciendientes. De ahí que las minúsculas nunca vayan al circo: no se fían ni de las pulgas amaestradas.

AL PIE DE LA LETRa

Ya lo he mencionado antes: las minúsculas son tan simples que rayan en la idiotez. Prueba de ello es que todo se lo toman al pie de la letra, siendo incapaces de comprender que las palabras no son lo que pretenden significar, sino que tienen muchas vueltas de hoja y no hay que tomarlas siempre en sentido tan literal.

...Perdón por el lío, ya sabemos que "literal" en este contexto puede tener múltiples significados... al igual que "al pie de la letra" y "tener vueltas de hoja"... ¡y esta es la típica cosa que una minúscula no lograría comprender jamás!

Esta simpleza de las minúsculas es la responsable que siempre se crean insignificantes: no se llaman "letras pequeñas", sino "minúsculas", y ellas lo viven al pie de la letra, con perdón de nuevo por el lío semántico...

TITULITIS

Del mismo modo en que las minúsculas aspiran a tener una palabra propia (y algunas vocales consiguen formarla por si mismas sin necesidad de otras letras que la acompañen), las mayúsculas apiran a los títulos, de hecho una mayúscula sin títulos no es una verdadera mayúscula.

Ay, pero algunas mayúsculas son tan insignificantes que sólo consiguen un título a lo largo de su vida. Curiosamente éstas son las mejores defensoras de la titulitis y cada vez que se encuentran con una minúscula (o incluso con un signo de puntuación) le estampan en la cara su diploma, pronunciando con un afectación el título que ostenta.

Otras veces tiene la fortuna de coincidir con mayúsculas de su misma titulación. Entonces se deshace en sonrisas y mueve la colita (si es que la tiene) ...

BaSTA

Vírgula quiere aprovechar su popularidad para enviar este mensaje:




TRaJES

Cuesta admitirlo, pero sí, las minúsculas son horteras. Visten de colores chillones, extremadamente chillones. Increíblementextremadamente chillones.

El caso es que en sus cabecitas no cabe la idea de que la elegancia sea llevar un traje gris, idéntico (o casi idéntico) al de todas las demás mayúsculas. Si estas pequeñas letras tuvieran que hacerse un traje de chaqueta, o incluso un frac, lo encargarían de color rojo a lunares, verde chillón o azul con rayas amarillas. Así es cómo ellas entienden la elegancia.

Las burlonas mayúsculas, al verlas, les regalan una nariz roja. Y las bobas se la ponen encantadas: es un rojo tan hermoso...

ESPECIAL VIRGULaS

Tampoco es buena idea regalarle una vírgula a su jefe por Navidad (¿por qué no la clásica botella de nosequé vino caro?) y será mejor que lo explique antes de que nadie cometa un suicidio laboral.

Para empezar, las vírgulas no son útiles. Tal vez lo fueran tiempo atrás, pero hoy día nadie recuerda qué era aquello que hacían las vírgulas para ganarse el derecho de convivir con las letras. Hoy en día si alguien decide adoptar una vírgula, debe tener claro que no va a sacarle ningún provecho, más bien será la vírgula quien le saque provecho a una/o, sobretodo si se es minúscula.

Por otro lado hay que destacar que las vírgulas son incapaces de mantenerse a ras de papel: les gusta trepar lo más alto posible, sin tener en cuenta si están agarradas a un interrogante o al sombrero de una mayúscula inglesa (los sombreros de las mayúsculas inglesas son tan caros como lo son de feos, es un asunto directamente proporcional, por increíble que parezca).

Las vírgulas, mal que nos pese, durmen de día. Si alguien logra ver una vírgula a la luz del día, debe ser porque está comiendo o pidiendo comida (el ataque a los sombreros ingleses se produce siempre con nocturnidad, que es cuando las vírgulas cobran vida). Si no me creéis, abrid un libro cualquiera y encontrad una sola vírgula. Encontraréis comas y tildes, sí, pero vírgulas ninguna (es increíble que, siendo de la misma familia, tengan un comportamiento tan diferente).

Otra de sus peculiaridades es lo complicado que resulta darles la medicación ya que... bueno, mejor leerlo pinchando aquí, el ser que describen... bien podría tratarse de una vírgula... mi primera vírgula sin ir más lejos.

En resumen: nada de vírgulas por Navidad. Quien quiera meterse en semejante lío, que se lo busque solito.

VENIDaS A MAYÚSCULAS

Las minúsculas venidas a mayúsculas (que también pasa, sobretodo cuando una minúscula decide dejar de vivir en alquiler y quiere comprarse una palabra propia) suelen sentirse muy incomodas al encontrarse con quienes permanecen minúsculas.
Muchos creen que ello se debe a los aires de superioridad o que sé yo, pero no es cierto, no conocen a las mayúsculas. La verdadera razón es otra: en los ojos de las minúsculas se reflejan los pensamientos idiotas que la mayúscula también había tenido tiempo atrás, la ingenuidad más vergonzosa que una letra pudiera manifestar.
Cuando se encuentra con la vieja amiga minúscula, la nueva mayúscula se recuerda a si misma con la boca manchada de chocolate, o bailando desfogada en una fiesta de disfraces en la que ella había acudido vestida de vírgula gigante... o incluso cosas peores.
Se recuerda a si misma y se avergüenza... de este brillo que, involuntariamente, adquieren sus ojos ante los recuerdos.

SINCERIDaDES

Gracias a su exquisito tacto, una mayúscula nunca te va a decir algo que duela, por verdadero que ello sea; ésta es la razón por la que llegan a mayúsculas.

La minúsculas, en cambio, son sinceras cuando se les pregunta. Son tan bobas que antes dan la callada por respuesta que decir algo que no sea la purita verdad (aún sabiendo que a las mayúsculas no les hace ni pizca de gracia la verdad).
Por su parte, las mayúsculas no son bobas y saben interpretar los silencios. También saben tomar las medidas oportunas cuando esto sucede.

UN GRANITO DE aRENA

Las normas gramaticales lo dicen bien claro: las mayúsculas sólo pueden ir a la cabeza, jamás a la cola. También dicen (aunque esto nunca se menciona de forma clara en clase de gramática, debe ser una norma gramatical tabú) que las mayúsculas se ocupan de las grandes cosas, mientras que la minúsculas se ocupan de las pequeñeces.

En un intento desesperado de atenuar su insignificancia, las pequeñas inventaron aquello del granito de arena (por cierto, la medida del granito de arena no es por casualidad, sino porque es el peso máximo que puede mover una minúscula, incluso una minúscula atlética), aunque no engañan a nadie...

Eficaces y conscientes de ello, las mayúsculas no necesitan inventar expresiones de ningún tipo: no mueven un dedo si con ello no van a cambiar "el mundo" y así obtener eterno agradecimiento de minúsculas y otra gentuza. Aprovechan mejor su energía, por supuesto.

UN aVISO

Puede que a estas alturas algún/a lector/a tenga tanto aprecio a las minúsculas, que esté pensando en adoptar una, o peor todavía, regalarsela a su jefe por Navidad.
Antes de hacer semejante locura, os recomiendo que reviséis todo lo que ya llevo dicho. Pensad que, aunque las minúsculas nunca se hacen adultas (cómo ocurre con los perritos y los gatitos que los humanos se suelen regalar en Navidad u otras fechas), pensad, decía, que las minúsculas con el tiempo llegan a ser bastante molestas por su enorme parecido moral con Pepito Grillo.

Pensad, además, que van a exigiros muchísimas cajas de plastidecor y lápices acuarelables. En este sentido las minúsculas son insaciables.

MINIMINÚSCULaS

Es preciso insistir en un hecho: las minúsculas son minúsculas, cómo su propio nombre indica. Son minúsculas en tamaño, lo son en sus necesidades, pero sobretodo son minusculísimas en sus exigencias y peticiones hacia los demás.
Por eso, cuando sus deseos pasan desapercibidos ante las mayúsculas, debemos pensar que tal vez sea por la pequeñez de sus peticiones y no por la maldad que tan frecuentemente se atribuye a las grandes letras.

(Nota: dicen las malas lenguas que una minúscula intentó hacerse oír hace ya tiempo y expresó sus deseos en voz bien alta; dicen que estaba loca la pobre)

MINIMaYÚSCULAS

Las minúsculas son bobas, todo el mundo lo sabe. Muchas veces se ven metidas en líos (de mayúscula o minúscula gravedad) porque creen que todo lo que reluce es oro, todo lo que vuela se come y todo lo pequeño es tierno e inocente. Ven un cachorillo cualquiera (aunque sea de Pitt Bull o de mayúscula) y se derriten en ternuras, desobedeciendo la voz de la cordura.

Las mayúsculas lo saben y se aprovechan. Ya desde la más tierna infancia (Times New Roman 6, o incluso menos) enseñan a sus vástagos a aprovecharse de la ingenuidad de las bobas y les alientan para aprender a hacerlo para siempre jamás.
Ya de adultas, las mayúsculas simplemente no comprenden que pueda haber otra forma de tratar a las minúsculas...

LA TRaNSFORMACIÓN

Pese a que todas las letras nacen minúsculas, allá por el tercer párrafo de sus vidas algunas empiezan a sentir deseos de ser mayúsculas, convencidas cómo están de que ellas poseen el secreto de la felicidad.

No siempre es fácil lograr la transformación, de hecho las minúsculas nacidas en libros de bolsillo, en ediciones rústicas... lo tienen francamente difícil. De ahí que muchas de ellas hagan (o sueñen con hacer) un pacto con el diablo... ejem... un pacto: por el módico precio de la intimidad y la dignidad, cualquier minúscula se puede convertir en mayúscula de la noche a la mañana, siempre y cuando supere el casting (creo que hay que tener mal carácter, mala educación y muchas miserias que ocultar... o al menos aparentar tener todo esto).

Años y libros después, la minúscula vuelve a ser lo que era, un poco más vapuleada tal vez.

PAZ

Las minúsculas no creen que la paz sea sólo una palabra. De hecho ni siquiera conocen el significado de ésta, ya que desconocen por completo el de la palabra "guerra". En alguna ocasión debieron escuchar aquello de "la paz es el camino" y, cómo letras bien educadas, creen en ello a pie de la letra... ejem... quiero decir... a rajatabla. Creen que la paz es un camino que se adopta en la vida, así, sin más. Son simples de mente, pobrecillas.

Las mayúsculas sí conocen ambas palabras, de hecho se dice que fueron ellas quienes las inventaron. Bueno, es sólo una teoría, pero todo esto se demuestra con el hecho de que "PAZ" siempre se escriba en mayúsculas.
Las mayúsculas saben que tanto "PAZ" cómo "GUERRA" son sólo palabras (eso sí, palabras mayúsculas) y son tan diestras manejando ambos significados, que son capaces incluso de hacer guerras por mantener la paz (no me preguntéis cómo lo hacen, yo sólo soy una minúscula ignorante).

Yo... quisiera saber tanto cómo las mayúsculas. Quisiera manejar las palabras con soltura y darles significados mayúsculos... hacer guerras por la paz y encender la estufa para tener frío... pero sólo soy una minúscula y me cuesta de veras comprender que la paz sea sólo una palabra que se escribe en mayúsculas...
A mi me dijeron que era un camino...

UN LIBRO EN BLaNCO

Las minúsculas están tan desprovistas de todo lo material, que sus casas son cómo enormes libros en blanco: no hay muebles cómodos, ni hay pasillos, ni habitaciones bautizadas con nombres que ayuden a averiguar su utilidad (dormitorio, comedor, sala de estar... etc). Cada vez que quieren descansar, por ejemplo, las minúsculas han de buscar un lugar adecuado dónde hacerlo y se ven obligadas a recorrer varias páginas hasta encontrar ese maravilloso sitio que propicie una buena siesta.

Las mayúsculas, en cambio, lo tienen más fácil. Sus casas tienen habitaciones con nombre y pasillos lo suficientemente estrechos cómo para seguir los pasos de sus antecesores sin la menor desviación, sin perderse jamás. Sus libros están bien escritos de antemano.

Mucho más cómodo, desde luego. Y más razonable.

aRTISTAS MAYÚSCULOS

A todas las minúsculas les gusta coger los colorines. Y lo hacen, de hecho, sin pudor y sin importarles si aquello que han dibujado está elaborado como es debido o no. Las muy ignorantes pretenden hacer arte de aquello que imaginan, pretenden dibujar así, sin más. Las muy brutas creen que basta con coger un pincel y ya, que no hace falta seguir los talones de ningún maestro y que las cosas pueden ser de muchas maneras diferentes.

Los artistas mayúsculos, en cambio, no sólo saben hablar con acento francés, sino también saben que hay una sóla, única, indiscutible manera de hacer las cosas.
Mientras tanto, las obstinadas minúsculas se dedican a jugar con los colorines sin hacer caso alguno; he ahí la razón de que las minúsculas siempre serán mínúsculas y jamás llegarán a ningun lugar de provecho.

MINÚSCULaS APARTE

En todos los libros (en todos, no sólo en los de historia y los de caligrafía) hay zonas para minúsculas y zonas para mayúsculas.

Alguna vez una minúscula se atreve a husmear por estos lugares especiales reservados para las letras más panzudas (me pregunto si son panzudas de nacimiento o se hacen así cuando se vuelven mayúsculas).
Si bien la excursión empieza con la ilusión de cualquier paseo por un mundo desconocido (a las minúsculas les encanta explorar mundos desconocidos), en cuanto la pequeña ingenua se cruza con las primeras mayúsculas... uish... ve cómo sus puntiagudas narices se retuercen tanto al verla , que la pobre empieza a dudar de la eficacia de su desodorante.

Como es la primera (y última) vez que viaja a ese lugar, no comprende, pobrecita. No comprende que a las minúsculas hay que ponerlas aparte, desde que el mundo es mundo.

LA ETERNa JUVENTUD

Las minúsculas rara vez (o nunca) envejecen, en tanto que las mayúsculas sí que lo hacen: su envejecimiento comienza en el mismo instante en que se convierten en mayúsculas... o al revés. Nadie sabe qúe es la causa y qué la consecuencia, el caso el que envejecimientos y conversión en mayúscula comienzan en el mismo instante.

Yo, minúscula de mi, tras mucho observar a las letras de mi entorno, tengo una teoría: se empieza a envejecer el día en que por primera vez dices "Yo no sé hacer esto" y dejas incluso de intentarlo. En ese momento, si bien tú sólo pretendías comportarte cómo una mayúscula y no hacer el rídiculo mostrándote torpe, asumes sobre tus hombros la carga de no volver a equivocarte jamás... carga que nadie puede llevar con alegría desde que los libros son mundo.
En ese instante olvidas que cuando eras minúscula no te importó no saber andar, hablar, escribir... que lo intentaste una y otra vez, a trompicones, con la lengua asomando por alguna de las comisuras de tus labios, pese a la inmensidad de las tareas.

La eterna juventud, creo yo, está en la capacidad de admitir que no sabes y pese a ello intentarlo, con movimientos torpes y la lengua asomando por alguna de las comisuras de tus labios.